El Significado Mundial de los Cambios Norteamericanos

 

Conferencia del Dr. Jorge Castro en el Instituto Cultural Argentino Norteamericano - ICANA -, el 22 de mayo de 2000
Lo primero que deseo es detenerme en la definición del objeto de estudio, que presumo es el más importante que tiene hoy frente a sí la Argentina, en sus diversos enfoques desde el mundo académico, empresario, político y cultural. Este tema de reflexión se puede sintetizar de la siguiente manera: se trata de analizar y de comprender el sentido de la transformación que experimentan los Estados Unidos de América a lo largo de la década del 90, pero no en lo que posee de fenómeno estrictamente norteamericano, sino en relación con lo que le otorga su significado mundial.

La premisa de esta propuesta es, entonces, que lo que está ocurriendo en los Estados Unidos no es un fenómeno exclusivo de esa sociedad y esa nación, sino que se trata del primer escalón, el más avanzado, de una nueva civilización mundial, cuya raíz tecnológica es superior a cualquier otra conocida a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por lo tanto, la medida de la inteligencia de la Argentina - la prueba de la fe que tiene en sí misma - está en la renovación del vigor de su pensamiento y de la confianza en su propia personalidad, dedicada a comprender el significado de lo que sucede en Estados Unidos, tal como lo hizo Sarmiento en sus viajes del siglo pasado (1847), o lo que hizo Tocqueville, diez años antes de que lo hiciera Sarmiento, cuando en esos nueve meses asombrosos de recorrido en el país descubrió lo que implicaba Estados Unidos en términos mundiales.

Esta formulación del objeto de estudio responde a la misma aproximación que analiza Tocqueville en "La democracia en América". En esa obra, el pensador francés señala que la democracia norteamericana está fundada en un criterio de igualdad mucho más revolucionario que el criterio de igualdad francés, más avanzado y profundo que el criterio de igualdad de Rousseau.(1)

Lo que dice Tocqueville es que Estados Unidos es el país del mundo donde el futuro llega primero. Esto no quiere decir que el futuro del mundo ocurra en los Estados Unidos. Cada país, cada cultura, cada historia es intransferible y, por lo tanto, cada comunidad va a tener que encontrar su propio camino al futuro de una forma que no puede ser transferida desde la historia de otro país. Estados Unidos no es el futuro del mundo, es el país donde el futuro del mundo llega primero.(2) Esta es la premisa de Tocqueville que mantiene extraordinaria vigencia en este momento para comprender el significado de los acontecimientos norteamericanos.

El estallido de la productividad

Cuando se analiza la realidad económica, social o política de un determinado país o región lo verdaderamente importante, como bien lo que dice Schumpeter, no son las conclusiones sino los hechos y los argumentos que se utilizan para esa conclusión. Que alguien observe y tenga una actitud positiva frente a un fenómeno histórico, económico, social o político, es lo mismo que tenga una actitud negativa: lo importante es ver qué argumentos y qué hechos utiliza para enhebrar sus conclusiones. Es por ello que lo importante no son las conclusiones sino el análisis de ese hecho.(3)

La importancia en términos mundiales del fenómeno estadounidense tiene origen en las transformaciones de los últimos cinco años. El punto de inflexión en la historia norteamericana actual es el año 1995. Este momento marca el comienzo de un período de cuatro años (1995-1999) en que se duplican los índices de la productividad promedio registrados en la economía norteamericana - concernientes a la productividad del trabajo, y excluyendo a los sectores agrícola y financiero. Por su parte, los índices de productividad de la totalidad de los factores - capital y trabajo - se triplica en el curso del mismo período.(4)

La estimación de la Secretaría de Comercio norteamericana, que es la que lleva las estadísticas de la economía de ese país, es que la productividad del trabajo en los Estados Unidos aumenta anualmente a una tasa de 2,7%.(5) A su vez, el presidente del Sistema de la Reserva Federal Alan Greenspan sostiene que esta estimación es excesivamente modesta. En realidad, en los últimos cinco años a partir de 1995 la productividad del trabajo en la economía norteamericana aumentó a una tasa de 3,5% anual.(6)

En la actualidad, la tasa de aumento de la productividad se ha duplicado con respecto al nivel de aumento que tuvo durante los veinticinco años previos. Esto es, los veinticinco años que comienzan en la década del 70 cuando se producen el primer y segundo shock petrolero (1973-1979), con el que la OPEP consigue cuadruplicar el precio del crudo. Al producirse este punto de inflexión histórica, que es precisamente el de la decisión de la OPEP, el crecimiento económico de los Estados Unidos estaba centrado en el nivel de aumento de la productividad que se había mantenido semejante a lo largo de los veinte años anteriores.

Durante ese mismo período, Europa Occidental había comenzado a crecer extraordinariamente a partir del plan Marshall (1948-53) y lo mismo sucedió en Japón desde su propio plan Marshall, que fue la guerra de Corea (1950/53). Todos estos países realizan un aumento extraordinario de la productividad y un crecimiento exponencial de sus economías, que convergen con los niveles de la norteamericana.(7)

En realidad, el crecimiento de la economía norteamericana en esos años extraordinarios - que en Europa son los "veintiocho años gloriosos" que van del 1948/50 a 1973 y en Japón son los treinta años de crecimiento fenomenales, cuando el país crece a una tasa del 8% anual acumulativo - atraviesa un proceso de convergencia con sus enemigos de la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción industrial de los antiguos adversarios se produce gracias al financiamiento norteamericano - vía plan Marshall o guerra de Corea - y éstos inician una etapa de crecimiento económico y de aumento de la productividad que se aproxima fuertemente a los niveles de la economía norteamericana.(8)

Estados Unidos ya venía creciendo desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando dejó atrás diez años de depresión con un aumento del producto anual acumulativo del 10% durante cinco años consecutivos. Por eso es que la economía mundial a lo largo de estos años, impulsada fundamentalmente por el desarrollo de las industrias automotriz y plástica y teniendo como insumo básico el petróleo, muestra la aparición en gran escala, por primera vez, de un fenómeno de globalización de la economía mundial que ya había tenido como antecedente lo ocurrido entre 1870 y 1913, hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial el 4 de agosto de 1914.

Este proceso se interrumpe en 1973. Los shocks petroleros de 1973 y 1979 revelaron el agotamiento de un mecanismo de acumulación centrado en la economía industrial y obligaron a los países avanzados, en primer lugar a los Estados Unidos, a revertir esta situación a través de la búsqueda de un nuevo mecanismo de acumulación que utilizara menos energía (petróleo), materias primas y fuerza de trabajo.

A partir de ese momento se hace intensivo el uso de tecnologías ya conocidas desde la Segunda Guerra Mundial, como son los procesadores de información y, en general, las innovaciones electrónicas. El país se transformó a partir de un doloroso proceso de reconversión, que duró aproximadamente 20 años. Los Estados Unidos sufrieron una grave crisis en 1979 (último año del gobierno de Jimmy Carter). En ese año, la inflación alcanza una tasa del 15% anual, que para la historia norteamericana es prácticamente una hiperinflación, y las tasas de interés reales superan el 20%, llevando al país a sumergirse en una honda recesión.

El final del Estado de Bienestar

Luego de la crisis llega lo que podemos denominar el punto de inflexión de la historia norteamericana, o lo que muy probablemente sea el punto de inflexión de la historia de los países capitalistas avanzados. Es el gobierno del presidente Ronald Reagan, precedido un año antes por el gobierno conservador británico de Margaret Thatcher. Son dos años donde se produce la ruptura del consenso existente desde la Segunda Guerra Mundial, tanto en los Estados Unidos, como en Europa. El sistema estaba basado en un Estado apoyado en una estructura de beneficencia que escalonaba los costos de la actividad productiva hasta el punto en que agotaba su aumento de productividad. El Estado, en vez de ser un elemento fundamental del proceso productivo, se convierte en su principal obstáculo y, como tal, en el verdadero causante de su agotamiento. Por su parte, la empresa privada soportaba una estructura de costos que le impedía competir y que incluso frenaba el aumento de la productividad.

Una singular expansión que dura dos décadas

En este momento, Estados Unidos ha completado el ciclo de reconversión de su economía, proceso que comenzó en los años 1980-81 con el gobierno del presidente Reagan. Es por ello que, en realidad, lo que sucede en los Estados Unidos no son nueve años de expansión económica continuada sino que, salvo dos trimestres consecutivos en los que se produce una caída del producto (en los años 1991-92), nos encontramos frente a un proceso que tiene casi veinte años de crecimiento.

La clave de todo el proceso se produce en el año 1995, cuando se da respuesta a la paradoja del crecimiento norteamericano. Durante los primeros años de la década del 90, no obstante la fenomenal inversión que se realizaba en las nuevas tecnologías del procesamiento de la información, a través de una compra generalizada y masiva de equipos de microelectrónica, de informática y de telecomunicaciones, la productividad de la economía norteamericana permanecía prácticamente estancada. Es decir, la paradoja consistía en que la inversión en la nueva tecnología estaba presente en todos lados y sin embargo no se revelaba en un aumento de la productividad significativo.

En 1995 el aumento de la productividad de la economía norteamericana adquiere un carácter acelerado, y luego vertiginoso, que es similar al nivel actual. ¿Cuál es el resultado de este crecimiento? En primer lugar, la evidencia de que este ciclo expansivo de la economía norteamericana es distinto en su naturaleza a cualquier otro de la historia del capitalismo de los Estados Unidos. Todos los ciclos expansivos anteriores de la economía norteamericana (ciclos de diez años) que ya habían sido identificados por Kondratieff (9), en primer término, y por Schumpeter (10) después, tenían la característica de que, a medida que transcurrían los años de expansión, el crecimiento económico tendía a disminuir. Y la productividad, que había sido muy alta en los comienzos de la expansión, tendía a caer en la medida en que se incorporaba cada vez más una fuerza de trabajo con un menor nivel de calificación. Esa fuerza de trabajo menos calificada, al incorporarse al proceso productivo, disminuía la productividad, mientras aumentaban los costos laborales, debido a que se reducía el número de los que quedaban fuera del mercado de trabajo.

En un momento determinado este proceso desencadenaba en inflación, lo que hacía que la Reserva Federal tendiera a aplastarla elevando las tasas de interés. De esta manera, se abortaba el ciclo expansivo. Pero en la década del 90 ha ocurrido algo que revela una naturaleza distinta en la forma de producir y acumular del capitalismo de los Estados Unidos.

En estos nueve años de expansión continuada, el crecimiento económico en vez de desacelerarse aumenta y la productividad, en vez de disminuir, se incrementa. ¿Qué significa esto? Es que durante los cuatro últimos años del actual ciclo expansivo, el crecimiento promedio de la economía norteamericana ha superado el 4% anual. En el último trimestre del año 1999, el Departamento de Comercio ha tenido que realizar una triple revisión de las estadísticas de crecimiento alrededor de las siguientes comprobaciones: el primera cálculo fue que la economía había crecido 6,3%, la segunda estimación mostró que el crecimiento era de 6,9% en ese período y la tercera revisión los ha llevado a la comprobación de que la economía norteamericana durante el último trimestre de 1999 en realidad había crecido a una tasa de 7,9%.(11)

Estados Unidos está creciendo en la actualidad a una tasa semejante a la de los países del sudeste asiático en la época del milagro, sólo que se trata de la mayor economía del mundo, con un producto bruto del orden de los 9 trillones de dólares (cada trillón es un millón de millones de dólares), en donde el nivel tecnológico es cualitativamente superior a cualquier otra conocido en la historia de la humanidad.

No es tan solo que la productividad aumenta; en un sentido estricto, lo que ha ocurrido es un estallido de la productividad norteamericana. La economía de los Estados Unidos crece más en esta última parte del ciclo que durante los cinco años iniciales y los resultados son públicos y notorios: el nivel de desocupación de los Estados Unidos hoy es el más bajo de los últimos treinta años.

Actualmente la desocupación en los Estados Unidos es de 3,9% de la población económicamente activa. Pero falta decir, como se ha preocupado en subrayarlo el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, que este promedio no es verdaderamente revelador de lo que sucede con respecto a la fuerza de trabajo. Porque entre los jóvenes, de 18 a 25 años, el nivel de desocupación es del 3%. Y en amplios sectores del país, especialmente el sur de Estados Unidos, en el Medio Oeste norteamericano, en la Costa Oeste, sobre todo en el estado de California, el nivel de desocupación promedio es del 3%.(12)

A su vez, si se toman los grandes centros metropolitanos y se analizan los centros urbanos que crecen en los bordes de los mismos, las llamadas "Edge Cities", lo que se advierte es que el nivel de desocupación está por debajo del promedio nacional.(13)

Esta situación está acompañada de un fenómeno que interesa observar muy de cerca, que es la inmigración, porque en su momento, a finales del siglo pasado, y en la primera década de este, la Argentina compartió este fenómeno con los Estados Unidos.

Hoy Estados Unidos recibe más inmigrantes legales que en cualquier otro momento de su historia: incorpora entre un millón y un millón doscientos mil inmigrantes legales por año. La presencia de esta incorporación masiva de inmigrantes es, según la observación que hizo Alan Greenspan, cada vez menos importante en el nivel de desempleo.

Es interesante también detenerse en la situación actual y potencial de la oferta y la demanda de trabajo en los Estados Unidos. Hoy, los hombres y mujeres norteamericanos que están en condiciones de trabajar y no lo hacen, por distintos motivos, suman unos diez millones de personas. Pero este grupo se está reduciendo, ya que cada año un millón de los que lo integran también está ingresando al mercado de trabajo. Por eso, la cuestión fundamental ya no consiste en saber cuál es el nivel de desocupación de los Estados Unidos, sino establecer en qué momento la creación de puestos de trabajo superará ampliamente la capacidad de satisfacción de la oferta laboral. Por eso, este país está incorporando masivamente inmigrantes del mundo entero ya que necesita aumentar su oferta laboral. De lo contrario, lo que aparece en el horizonte es que se están creando más puestos de trabajo que el número de integrantes de su sociedad que están en condiciones de ocuparlos. Además, los Estados Unidos, con ese rasgo característico de la cultura cívica norteamericana que consiste en respetar los hechos, este año decidió modificar en sus raíces la política respecto a los inmigrantes ilegales cambiando los fundamentos tradicionales de su política inmigratoria.

En los Estados Unidos hay entre 6 y 7 millones de inmigrantes ilegales. Hasta ahora, la agencia federal encargada de tratar el problema de la naturalización y de la inmigración perseguía judicialmente a cualquier inmigrante ilegal y, en última instancia, lo expulsaba del país. Con la nueva política ya no son perseguidos y la única posibilidad de accionar judicialmente contra ellos es en la medida en que cometan algún delito. Si esto no sucede, tienen garantizada su permanencia en el país por la inacción deliberada de Washington. La razón es simple: sin los inmigrantes ilegales ni la industria de la carne ni la de la limpieza podrían subsistir. Mientras que el costo de la producción frutihortícola, por ejemplo, aumentaría entre el 15 y el 20% con respecto a sus actuales niveles de precios.

En este momento, además, el Congreso norteamericano está debatiendo un nuevo régimen para el otorgamiento de la residencia a los inmigrantes que quieran vivir en los Estados Unidos. El nuevo sistema ya ha sido aprobado por el Senado norteamericano a través una presentación bipartidaria: se trata de duplicar el número de visas de residencia permanente que se otorga a todo extranjero que tenga grado universitario en el campo científico, sea experto en sistemas o ingeniero, pasando de las actuales 115.000 a 300.000 visas por año. Estados Unidos está incorporando a su fuerza de trabajo a las personas con mejores niveles de calificación, especialmente con la capacidad de adaptarse al uso intensivo de las nuevas tecnologías, es decir, a todos aquellos científicos y profesionales del mundo entero que quieran ir a trabajar y a vivir en ese país.

Hacia una nueva sociedad mundial

El resultado es que la sociedad norteamericana es una sociedad cada vez más diversa. Por ejemplo, el 30% de los estudiantes universitarios de la Costa Oeste de los Estados Unidos son asiáticos y entre el 25 y el 30% de los empresarios de Silicon Valley, el corazón de la revolución tecnológica de California y del país, provienen de la India.

El presidente Bill Clinton, en su último mensaje sobre el Estado de la Unión, ofreció las siguientes precisiones: en los próximos 10 años, en el Estado de California no va a haber ninguna comunidad étnica que pueda considerarse mayoritaria; es decir, tampoco lo será la comunidad étnica de los anglosajones protestantes. En un plazo de 30 años, lo mismo va a ocurrir para los Estados Unidos en su conjunto. Lo que hay que prever, dice Clinton, es que, en los próximos 30 años, la comunidad étnica mayoritaria en los estados del sur de los Estados Unidos (la más numerosa, ya que ninguna alcanzará el 50% de la población) será la comunidad hispánica.(14)

En definitiva, Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en una sociedad fundada en la diversidad cultural, étnica y religiosa. En cierta manera lo que está ocurriendo internamente en los Estados Unidos es que ya comienza a vivir como si fuera una sociedad mundial, con una pluralidad de comunidades de distinta raíz étnica, cultural y religiosa.

La importancia estratégica de la descentralización

¿Cómo se manifiesta en el plano político este fenómeno de la extraordinaria revolución tecnológica que es de origen californiano? Lo que parece estar ocurriendo en los años 90, y se acelerará previsiblemente en los próximos años, es lo que sospechaban muchos estudiosos de la civilización norteamericana: la concentración del poder que ocurrió a partir de la década del 30 en Washington alrededor del Estado Federal, en vez de ser la nueva regla de la sociedad norteamericana en el plano político era una excepción, que iba a ser dejada de lado cuando las razones que la habían ocasionado desaparecieran.(15)

¿De dónde surge la extraordinaria concentración del poder que tiene lugar en Washington a partir de la década del 30? Se origina en tres fenómenos históricos sucesivos, cada uno de los cuales ha estado vinculado a otro y que, en conjunto, todos han desaparecido. En primer lugar, frente a la gran depresión de los años 30, aparece como respuesta la intervención estatal con el surgimiento del New Deal llevado adelante por Franklin Delano Roosevelt, que crea los cimientos de un estado de características casi europeas, con fuerte centralización de poder por gigantescas burocracias.

El segundo acontecimiento que lleva a este fortalecimiento del Estado Federal centralizado y burocrático fue la Segunda Guerra Mundial, en la que Estados Unidos combatió en el Atlántico y en el Pacífico, y que llevó al país a desarrollar toda su extraordinaria capacidad para desatar, organizar y desplegar poder. Una situación que hizo que una nación que tenía 180.000 soldados en su ejército profesional en 1939 (un tamaño inferior al de Bulgaria, por ejemplo), terminara la Segunda Guerra Mundial con más de 8.000.000 de hombres y mujeres con el uniforme de sus cuatro fuerzas armadas.

Una vez que terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945, casi de inmediato, quizás con dos años de ambiguo intermedio, se desata la nueva contienda mundial: los cuarenta años de lucha por la hegemonía del sistema político planetario con la Unión Soviética, que se denominó la Guerra Fría.

Finalmente, Estados Unidos ganó la Guerra Fría, así como triunfó en la Segunda Guerra Mundial. Ganó la Guerra Fría porque allí comenzó a desplegarse con especial fuerza la revolución tecnológica del procesamiento de la información, frente a la cual una estructura burocrática centralizada como la soviética, con escasa flexibilidad e incapacidad de responder al imprevisto, constató su total impotencia, que culminó con su autodisolución en diciembre de 1991 (Tratado de Minks entre las tres repúblicas eslavas).

Después del fin de la Guerra Fría, en los Estados Unidos se inicia un proceso de desmantelamiento del Estado centralizado y burocrático, centrado en Washington, y una transferencia generalizada de las decisiones y de los recursos a los Estados, los condados y los municipios. El punto de inflexión está marcado por la disminución drástica del gasto militar y de defensa (que es hoy el 30% de lo que era en el momento de máximo despliegue alcanzado en los años del presidente Reagan, y que fue la herramienta fundamental que les permitió ganar y quebrar la columna vertebral de la Unión Soviética) y por la modificación de las bases del sistema de seguridad social - el Welfare State, el Estado del Bienestar creado por Roosevelt en la gran depresión de la década del 30 - que se realiza durante la presidencia de Clinton.

Ese sistema ha sido eliminado a través de la acción de dos iniciativas. Por un lado, la transferencia de los recursos y de la responsabilidad para su gestión desde el gobierno federal hacia los gobiernos de los estados y, por otro, cambiando la lógica del sistema, que ahora sólo subvenciona a aquel que habiendo efectivamente buscado trabajo no lo consigue y, además, lo hace sólo por un tiempo determinado, fuera del cual queda excluido del beneficio. Uno de los componentes de la extraordinaria caída de la desocupación ha sido, sin duda, esta modificación del Welfare State en sus raíces.

Un dato que hay que tomar en cuenta en la actualidad es que la cifra del 3,9% de desocupación de la fuerza de trabajo de los Estados Unidos está compuesta entre el 30% y el 40% por hombres y mujeres, especialmente de las minorías y de la comunidad negra, que antes de la década del 90 se consideraban inempleables en una economía con un grado mínimo de exigencia de calificación.

En realidad, lo que ha ocurrido es una verdadera revolución cultural sobre el significado del trabajo en los Estados Unidos y como todos los cambios decisivos del país, esto ha ocurrido después de la revolución lanzada por Reagan. Esta revolución se transformó en consenso bipartidario y nacional cuando el presidente Bill Clinton asumió como propio el legado fundamental de Reagan.

Igualdad y capitalismo

¿Cuál es la importancia de que este salto de productividad fenomenal de la economía norteamericana haya coincidido con el desmantelamiento del Estado Federal, centralizado y burocrático creado como respuesta a la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, y los cuarenta años de Guerra Fría? Es que Estados Unidos en la década del 90 redescubre sus raíces políticas. Ya lo había observado Tocqueville cuando describió la diferencia entre Estados Unidos y el resto de Occidente, en el sentido que la democracia norteamericana se creó desde abajo hacia arriba, y no de arriba hacia abajo, y que esta cultura cívica hondamente revolucionaria está basada en la premisa de que ser igual significa que nadie es más que alguien, algo a lo que no se atreve ni siquiera el pensamiento rousseauniano.(16)

Esta cultura norteamericana es una cultura donde este concepto de igualdad profundamente revolucionario está unido, desde el comienzo, con la idea de la honda legitimidad del sistema capitalista. Igualdad y capitalismo son una sola y misma cosa, con la característica de que esta igualdad y este capitalismo tienen el significado, al mismo tiempo, de ser un fenómeno popular o, si se quiere, populista. Esto también tiene como base una actitud de continua crítica y desconfianza frente a cualquier concentración del poder, ya sea la del gobierno federal en Washington o la de los grandes bancos y el sistema financiero en Wall Street.

Por eso, lo que parece estar ocurriendo en los últimos diez años es que Estados Unidos está realizando una más de sus revoluciones dentro de la democracia. Y lo ha hecho, como siempre, recurriendo a sus raíces, debido a la extraordinaria legitimidad de su sistema político. Es una civilización donde la premisa es la fuerza de la sociedad frente al Estado, la creencia en la descentralización y, en definitiva, que nada es más importante que el pueblo frente a las elites. Es una cultura cívica hondamente populista, sólo que este populismo no es anticapitalista, sino por el contrario, profundamente capitalista. Porque, además, está basada en la idea de que el prestigio social surge de hombres que son capaces de abrirse un camino en la vida por sí mismos, esto es, los "self-made men".

El primer escalón de una civilización mundial

El tercer elemento que aparece del análisis de los Estados Unidos en la década del 90 es que el país escapa en estos años con fuerza arrolladora de los marcos estrechos del Estado-nación. Se había observado ya que el Estado-nación en Estados Unidos era muy débil, comparado con el europeo. Es un país muy poco nacionalista, aunque intensamente patriótico. Y la razón fundamental es porque la nación, entendida como Estado diferenciado y opuesto a las otras naciones y otros estados, había surgido en Europa a través de la guerra, en la que cada estado se enfrentaba a los otros; pero Estados Unidos había surgido y desarrollado su civilización separado del conflicto europeo por el Atlántico y por la flota británica, mientras sus vecinos eran inmensamente más débiles: Canadá en el norte y México en el sur. Es por ello que lo que aparece es un fenómeno que confundiera a tantos observadores de la política norteamericana, el aislacionismo, vinculado a su vez hondamente a la concepción del excepcionalismo. La idea central del excepcionalismo norteamericano es que Estados Unidos es una civilización distinta, un experimento social, una obra de laboratorio. Tiene como fundamento histórico un hecho que conviene retener siempre para comprender incluso los pasos más específicos de lo que sucede día a día en la civilización norteamericana: es el único de los países avanzados que carece de un pasado feudal.(17)

Por eso, jamás tuvo una fuerza socialista de significado nacional. Ni feudalismo ni socialismo, lo que hubo fue un experimento realizado en un espacio abierto, vacío, por una civilización donde la premisa fue que la cultura y la base de la construcción política estaba abajo y no arriba, que se desplegó a lo largo de doscientos años, sin temores a los enemigos externos, porque arriba estaba Canadá, abajo México, y Europa separada por el Atlántico, en el que la flota británica garantizaba la seguridad del país.(18)

Por eso es que el débil Estado-nación norteamericano se está esfumando en los últimos diez años. Estados Unidos siempre fue más una civilización que un Estado-nación. Siempre fue algo que se consideraba distinto frente al mundo - éste es el excepcionalismo norteamericano -, sin que su identidad surgiera de un estado y, por lo tanto, de una burocracia.

Por eso, es probable que lo que está ocurriendo en este momento ya no sea más solamente un fenómeno norteamericano, sino que ese país sea el primer escalón de una civilización mundial. Estados Unidos se siente más cómodo como simiente de una civilización mundial que siendo un Estado-nación poderoso sobre otros estados poderosos. Siempre fue así, sólo que ahora las condiciones mundiales, tecnológicas y políticas le permiten desplegar su vocación original.

En este contexto creo que no hay tema más importante para la Argentina, en sus distintos niveles, académicos, políticos, empresarios y culturales, que el estudio sistemático de lo que sucede en los Estados Unidos sobre la premisa de que lo que allí está ocurriendo es nada menos que la primera manifestación de una civilización mundial. Una civilización basada en la diversidad, en donde al mismo tiempo lo que aparece es que el sustento mismo de la democracia norteamericana es el concepto y la práctica de la descentralización. La fuerza de los Estados Unidos no está ni en lo económico, ni en lo tecnológico, ni mucho menos en lo militar. Su fuerza está en su sistema político, el más descentralizado de todo Occidente, y en su cultura, la única de los países avanzados que vive volcada hacia el futuro. Estados Unidos está confiado frente al cambio y al futuro. El país de la frontera, el de Frederic Turner, se revela ahora en el plano de la tecnología y del desarrollo mundial.(19)

En abril de 2000, se realizó en la Casa Blanca, coordinado por el presidente Bill Clinton, un seminario sobre la nueva economía global de la información. Las conclusiones de este seminario - en el que participaron Alan Greenspan, Bill Gates, John K. Gailbraith y los más diversos representantes de las organizaciones no gubernamentales de los Estados Unidos, de la India, de China y de otros países - resumidas de una manera un poco drástica son las siguientes:

- El cambio tecnológico en los Estados Unidos está en la primera parte del primer escalón. Lo que se conoce y lo que se ve, en términos de innovación tecnológica, es nada más que el comienzo de un ciclo expansivo, del que es imposible conocer de antemano cuánto va durar, ni qué nivel va a alcanzar.

- Lo segundo es que, detrás de este extraordinario ritmo de innovación tecnológica donde el ciclo del producto es de 18 meses, lo que aparece como sustento de este fenómeno tecnológico es la más gigantesca ola de inversión en el stock de capital de alta tecnología de toda la historia del capitalismo norteamericano y mundial. El dato que hay que tener en cuenta es el siguiente: las denominadas industrias de alta tecnología en los Estados Unidos (informática más telecomunicaciones) representan aproximadamente el 10% del producto, pero atraen el 40% del total de las inversiones. Todo esto sucede mientras que, en el conjunto de la década del 90, la tasa de crecimiento de la inversión fija en los Estados Unidos fue del 10% anual acumulativo, tres veces más que la tasa de crecimiento.

Podemos concluir que la importancia de los Estados Unidos radica fundamentalmente en dos elementos clave. El primero es la extremada descentralización del sistema político estadounidense, que incentiva la innovación y multiplica los centros de iniciativa. El segundo es la importancia de la existencia de una cultura volcada hacia el futuro y que no teme a lo nuevo. De allí que, así como en el siglo XVIII Gran Bretaña encabezó la primera fase de la revolución industrial, a la que en el siglo XIX se integraron sucesivamente Alemania, Francia, Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa Occidental, hoy puede decirse que Estados Unidos lidera el proceso de globalización de la economía mundial.

Es por ello que las transformaciones económicas y sociales que se manifiestan en ese país constituyen un primer escalón, el más avanzado, de un proceso de transformaciones de orden global que determinarán los rasgos de una nueva civilización mundial. Por lo tanto, no hay tema de conocimiento más relevante en nuestra época que el conocimiento de lo que sucede en los Estados Unidos. No se trata sólo de un fenómeno norteamericano, sino que emerge allí una nueva civilización de orden mundial. Estados Unidos es sólo su avanzada y su escalón más alto. Conocerlo es esencial para la Argentina.

1 Alexis de Tocqueville, "La Democracia en América", Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
2 Idem.
3 Joseph A. Schumpeter, "Capitalism, socialism and democracy", Allen
& Unwin, Londres, 1943. 4 US Department of Commerce, "The Emerging Digital Economy", Washington D.C., junio de 1998.
5 US Department of Commerce, "The Emerging Digital Economy II", Washington D.C., junio de 1999.
6 Alan Greenspan, "The American Economy in a world context. At the 35th annual conference on bank structure and competition of the Federal Reserve Bank of Chicago", Mayo 6, 1999.
7 Angus Madisson, "Historia del desarrollo capitalista. Sus fuerzas dinámicas", Editorial Ariel, Buenos Aires, 1991.
8 Idem.
9 Nikolai D. Kondratieff, "Los Grandes Ciclos de la Vida Económica" en Gottfried Haberler, "Ensayos sobre el Ciclo Económico", Fondo de Cultura Económica, México, 2° Edición, 1956.
10 Joseph Schumpeter, "Análisis del Cambio Económico" en Gottfried Haberler, "Ensayos...", op. cit.
11 US Department of Commerce, Bureau of Economic Analysis, "National Income and Product Account", Washington D.C., 2000.
12 Alan Greenspan, "The Federal Reserve's Report on monetary policy before the Committee on Banking, Housing, and Urban Affairs", U.S. Senate, Washington D.C., July 20, 2000.
13 Joel Garreau, "Edge City. Life on the new frontier", Anchor Books, New York, 1991.
14 The Clinton-Gore Administration, "Sustaining America's Prosperity - Highlights of the 2001 Economic Report of the President", Washington D.C., January 12, 2001.
15 Gordon S. Wood, "The Radicalism of American Revolution", Vintage Books, New York, 1993.
16 Alexis de Tocqueville, op. cit.
17 Gordon S. Wood, "The Creation of the American Republic 1776-1787", Chapel Hill and London, published for the Homo Hundrod Institute of Early American History and Culture at Williams Burg, Virginia, by North Carolina University Press, 1998.
18 Idem.
19 Frederic Jackson Turner, "La Frontera en la Historia Norteamericana", Editorial Universidad Autónoma de Centroamérica, San José de Costa Rica, 1987.
Jorge Castro , 22/05/2000
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